Nuestros alemanes

Transcribo aquí este artículo del periodista y escritor Rolando Hanglin porque me gusta su capacidad para divulgar hechos de la historia en forma amena. Hago caso omiso de alguna que otra imprecisión menor que el lector sabrá perdonar, así como la ausencia de muchas otras personalidades ilustres que de todos modos no podrían ser mencionadas adecuadamente en el espacio de un solo artículo. Agregué las imágenes, ausentes en el original, con fines ilustrativos.


Nuestros alemanes

Por Rolando Hanglin

Ulrico Schmidl (o Schmidt o Schmidel) fue un militar bávaro, nacido en 1510 y muerto en 1579. Participó en la conquista española del Río de la Plata, a las órdenes de Don Pedro de Mendoza, entre 1534 y 1553. Mientras descansaba de sus aventuras en la ciudad de Straubing, dio forma final a sus memorias, que se publicaron en Frankfurt, en 1567, con el título de Viaje al Río de la Plata. Es el único testimonio personal de la conquista del Plata, narrado en detalle por un protagonista. Aparecen allí personajes como Don Pietro Menthossa y escenarios como la incipiente ciudad de Wonnaz Eyrresz, rebautizados con una pintoresca grafía germánica. Por lo que dice Schmidl, en aquella expedición se embarcaron cientos de marinos y soldados holandeses y alemanes, además de la tripulación española.

Schmidl termina cada capítulo con piadosas invocaciones a Dios nuestro Señor y a la Virgen Santísima. Lo increíble es que en sus andanzas, atravesando inmensas poblaciones de chanáes, timbúes, guaraníes y otras etnias, estos europeos cometieron herejías incalificables, que Schmidl describe sin comentarios. También acota, en un párrafo perdido, que entre aquellos indios desnudos, apenas cubiertos con “un paño”, encontraron a muchísimos putos (sic) a los que procedieron a quemar vivos. Le ahorro los detalles al lector: es el texto más antiguo en que hayamos encontrado esta palabra, utilizada con el significado de “homosexual”. Schmidl no explica el por qué de las acciones sino que las describe con prosa perfecta. Algunos críticos sostienen que, en realidad, mucho del libro es exageración o fábula. De cualquier modo, es el relato “en vivo” más antiguo de la conquista española.

Ulrich Schmidl
Ulrich Schmidl

Los alemanes han estado siempre en la Argentina. Mucho más, durante el ciclo inmigratorio 1880-1930. Hoy día, son una colectividad reducida pero de fuerte personalidad. Con una búsqueda de la excelencia que se refleja en sus aportes: el Hospital Alemán, la Goethe Schule, el Deutsche Bank, la Villa General Belgrano, Villa Gesell (fundada por Carlos Idaho Gesell), la Cervecería Quilmes de Otto Bemberg, el Club Alemán de Equitación, el distrito atlético de Villa Ballester. Los alemanes se agrupan en localidades donde dejan un sello. Martínez, San Isidro, Haedo, fueron reductos de familias alemanas vinculadas con la industria química, la técnica, la ingeniería, las máquinas, los motores, las finanzas. El llamado “club alemán” de Haedo, en realidad Club Discóbolo, fue fundado por los señores Frischknecht, Mumentaller, Stocker, Mieth, Danhuber y otros.

Existe entre los alemanes algo que podríamos denominar “alma de pionero”: la decisión de hacer una cosa, y de hacerla hasta el fin. Está presente en hombres disímiles como don Carlos Gesell, los economistas suizoalemanes Roberto y Juan Alemann, deportistas como “el gringo ” Heinze, el boxeador de Pigüé Jorge Heyland, el cantante Sergio Denis, cuyo apellido real es Hoffman, el humorista “Gato” Peters. ¡Imposible omitir a Néstor Kirchner!

El primer alemán histórico de la República, sin duda, es el barón von Holmberg. Había cursado la carrera militar en Prusia, interviniendo en las guerras napoleónicas e integrando la Guardia Valona de la Corona Española. Nombre completo: Eduard Ladislaus Kaunitz Von Holmberg. Este soldado, de estirpe alemana aunque posiblemente austríaco o tirolés, llegó a Buenos Aires junto a San Martín y Alvear, a bordo de la histórica fragata George Canning. Militar de carrera y naturalista de vocación, Holmberg se enroló temprano en la guerra de la Independencia. Combatió como teniente coronel de Artillería, a las órdenes de Manuel Belgrano, en el Ejército del Norte. También junto a su viejo amigo, el general Alvear. Fue pionero de la telegrafía en nuestro país y fundador de numerosos fortines en la lucha contra los malones.

Baron von Holmberg
Barón Eduard Ladislaus Kaunitz von Holmberg

Contrajo matrimonio con Antonia Balbastro, la prima de Alvear; su hijo Eduardo Wenceslao seguiría también la carrera militar, siendo ayudante de campo de Juan Galo de Lavalle. Su primer nieto, Eduardo Ladislao, resultaría uno de los grandes naturalistas argentinos.

En la continuidad de esta familia (cuyo apellido se pronuncia, entre nosotros, Olemberg) figuran Ezequiel Holmberg, presidente del Club Universitario, la valiente diplomática Elena Holmberg, asesinada durante el proceso militar, y una cantidad de escritores, soldados y diplomáticos. Elena era prima hermana del presidente Alejandro Lanusse.

Otro notable alemán de nuestra historia: el coronel Friedrich Rauch, nacido en 1790 en Weinheim Wurtemberg, Prusia.

Federico Rauch llegó al país el 23 de marzo de 1819, es decir con 29 años, siendo asignado a las campañas punitivas que el gobierno de Martín Rodríguez organizaba contra los indios de la pampa. En ellas secundó a Juan Manuel de Rosas y hasta fue premiado por los pobladores y estancieros de la zona, por su efectividad mortífera en la lucha contra los indios. Se lo conocía como el “guardián de las fronteras”. Para muchos que leen la historia con ojos de 2014, fue un genocida. Para los vecinos y pobladores de la pampa argentina de 1830, un ídolo.

Las batallas de Rauch fueron un precedente de la conquista del desierto que, hacia fin del siglo XIX, emprenderían Adolfo Alsina y Julio Roca, siguiendo leyes dictadas por el Congreso de la Nación.

Frases de Rauch en partes y cartas:

*”Hoy, 18 de enero de 1828, para ahorrar balas, degollamos a 28 ranqueles”.

* “Los indios no tienen salvación porque no conocen la propiedad. Evidentemente, los ranqueles fueron los primeros anarquistas en estas tierras”.

Rauch tomó partido por Lavalle contra Dorrego y, en su momento, combatió a Rosas, a quien seguían los gauchos y los “indios amigos” de entonces.

Como jefe unitario fue derrotado en 1829, en las Vizcacheras. Los indios le bolearon el caballo y el jefe ranquel Nicasio Maciel, apodado “Arbolito”, lo mató a lanzazos. Decapitado, su cabeza fue llevada en triunfo a Buenos Aires y arrojada en la calle. Fin de la historia.

Federico Rauch
Coronel Friedrich Rauch

Se sabe que el primer Bullrich fue un alemán, de nombre Augusto, que llegó a nuestro país como prisionero , durante la guerra con el Brasil. Después de su liberación, se afincó en la capital. Su hijo Adolfo Jorge, nacido en 1833, fue el primer personaje notorio de esta familia. Estudió en Alemania, se alistó en la Guardia Nacional y fue iniciado masón en 1869. Durante la segunda presidencia de Roca (1898) fue intendente de la ciudad.

Fundó una casa de remates donde se subastaban campos, haciendas y bienes rurales. Increíblemente, en el solar que hoy ocupa el exquisito Patio Bullrich entraban grandes tropas de vacunos y se vendían vastas tierras ganadas al indio durante la Campaña al Desierto. Bullrich intendente instaló la Fuente de las Nereidas de Lola Mora, contrató trabajos del paisajista francés Carlos Thays y nombró al aviador Jorge Newbery como Director de Alumbrado Público.

Bullrich organizó la recepción del presidente brasileño Campos Salles en 1900: los barcos atracaron en el antiguo Puerto Madero. Nómina breve de algunos famosos Bullrich: la escritora Silvina Bullrich, la diputada Patricia Bullrich, el relator de fútbol Jorge Bullrich, el ministro de Educación porteño Esteban Bullrich y mil anónimos. Otros apellidos alemanes de nuestro país como Trotz, Bayer, Reutemann, Klein o Muller, venidos desde Alsacia, Suiza, Austria, Prusia o Baviera, seguramente aportaron algunos rasgos de la “alemanidad”: coraje, decisión, rigor.

Fuente: Diario La Nación, martes 28 de enero de 2014

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