Borges y el idioma alemán

Es conocida la gran inclinación que tenía Jorge Luis Borges hacia los idiomas, algunos de ellos lenguas muertas. Es interesante ver cómo se relaciona lúdicamente con la palabra cuando se expresa verbalmente o por escrito haciendo parecer todo un juego de niños. Es que más allá de su gran capacidad lo cierto es que creció primero en un hogar bilingüe castellano-inglés y a lo largo de su vida continuó estudiando idiomas como parte de su acercamiento a distintas literaturas, hecho que repercutió en su propia obra.

Pero dejemos a Borges que describa él mismo cómo fue el camino que lo condujo a la lengua de Heine, y cuente cómo hizo para aprenderla. A continuación de la entrevista transcribo el poema que escribió en castellano dedicado al idioma alemán, con una traducción al mismo.

Al idioma alemán

Mi destino es la lengua castellana,
El bronce de Francisco de Quevedo,
Pero en la lenta noche caminada,
Me exaltan otras músicas más íntimas.
Alguna me fue dada por la sangre-
Oh voz de Shakespeare y de la Escritura-,
Otras por el azar, que es dadivoso,
Pero a ti, dulce lengua de Alemania,
Te he elegido y buscado, solitario.
A través de vigilias y gramáticas,
De la jungla de las declinaciones,
Del diccionario, que no acierta nunca
Con el matiz preciso, fui acercándome.
Mis noches están llenas de Virgilio,
Dije una vez; también pude haber dicho
de Hölderlin y de Angelus Silesius.
Heine me dio sus altos ruiseñores;
Goethe, la suerte de un amor tardío,
A la vez indulgente y mercenario;
Keller, la rosa que una mano deja
En la mano de un muerto que la amaba
Y que nunca sabrá si es blanca o roja.
Tú, lengua de Alemania, eres tu obra
Capital: el amor entrelazado
de las voces compuestas, las vocales
Abiertas, los sonidos que permiten
El estudioso hexámetro del griego
Y tu rumor de selvas y de noches.
Te tuve alguna vez. Hoy, en la linde
De los años cansados, te diviso
Lejana como el álgebra y la luna.

Jorge Luis Borges
El oro de los tigres, 1972.

An die Deutsche Sprache

Die kastilische Sprache ist mein Schicksal,
Die Bronze Franzisco de Quevedos,
Doch auf dem langen Weg durch die Nacht
Begeistern mich andre, intimere Musiken.
Eine wurde mir ins Blut gelegt –
O Stimme Shakespeares und der Schrift –
Andere durch den Zufall, der freigiebig ist,
Dich aber, liebliche Sprache Deutschlands,
Dich habe ich erwählt und gesucht, ganz allein.
Durch Nachtwachen und Grammatiken,
Den Dschungel der Deklinationen,
Durch das Wörterbuch, das sich nie annäherte
Dem exakten Ton, habe ich mich Dir genähert.
Meine Nächte sind angefüllt mit Vergil,
So sagte ich einmal; auch könnte ich gesagt haben
Mit Hölderlin und Angelus Silesius.
Heine gab mir seine lauten Nachtigallen;
Goethe, das Glück einer späten Liebe,
Sowohl gütig wie auch abhängig von Güte;
Keller, die Rose, die eine Hand ließ
In der Hand eines Toten, der sie liebte
Und der nie wissen wird, ob sie weiß oder rot ist.
Du, Sprache Deutschlands, Du bist Dein
Hauptwerk: Die Liebe verflochten in
Wortverbindungen, die offenen Vokale,
Die Laute, die das Studieren der
Griechischen Hexameter erlauben
Und das Raunen Deiner Wälder und Nächte.
Dich besaß ich einmal. Heute, am Rande
Der müden Jahre gewahre ich Dich
Entfernt wie die Algebra und den Mond.

Jorge Luis Borges
El oro de los tigres, 1972.

Para leer más sobre el tema: Oye Borges

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