Germania

En una publicación anterior había hablado de una película llamada La helada negra, donde me detuve a señalar la naturaleza de los personajes y el lugar donde transcurre la historia, en una colonia de alemanes del Volga de la provincia de Entre Ríos. En esta ocasión me referiré a otra película del mismo director, Germania (2012).

Se trata de su primer largometraje, lo cual me llevó a pensar que podría haber hablado en primer término de ésta. Pero entre las dos películas, si bien cuentan historias distintas, sobrevuela un denominador común, que es el que hace a la clase de personajes, el lugar y el trasfondo de la cultura de los alemanes del Volga asentados en una zona rural de la provincia de Entre Ríos. Se las puede pensar de manera conjunta, ya que abordan temas y problemáticas vinculadas al mismo ámbito. Así, lo que he escrito sobre La helada negra creo que también se aplica perfectamente a Germania.

En verdad, debería decir que en el cine de Maximiliano Schonfeld, quien también ha dirigido producciones para televisión sobre las que hablaré en futuros artículos, se nota la intención deliberada de profundizar en el mundo de los descendientes de alemanes del Volga para extraer de allí historias que tienen un aura y connotaciones muy propias y distintivas.

Sobre la historia que cuenta Germania, me interesa destacar la circunstancia en la que se encuentran los protagonistas, una familia que se ve en la necesidad de emigrar a la ciudad, lo cual conlleva cambios muy profundos. Abandonar su lugar es para ellos dejar atrás cosas como el idioma y poner en crisis su identidad. Toda la película respira un clima de intenso duelo e incertidumbre frente al desarraigo.

Pero hay interrogantes que se me vinieron a la mente al terminar de ver la película. Ese duelo de los protagonistas ¿no podría pensarse acaso como repetición de lo que sintieron sus ancestros al emigrar de Rusia y anteriormente de lo que hoy es Alemania? Aunque los alemanes del Volga, tan arraigados a la tierra, podría decirse que hallaron su lugar definitivo en el Nuevo Mundo, sin duda los sentimientos relacionados con una larga historia de migraciones se han hecho carne en ellos moldeando su manera de ver y percibir el mundo.

Germania confirma esto último, pero aunque la historia actualiza en los protagonistas esos sentimientos, la migración del campo a la ciudad de alguna manera asume un carácter más dramático y terrible en tanto lo que se deja atrás es mucho más que una tierra. En los detalles y el clima general de la película se percibe algo de esto, y así uno puede llegar quizá a acercarse a la comprensión de una dimensión muy profunda y humana de esta cultura.

Aquí pongo un par de breves reseñas críticas que encontré sobre la película y me parecieron destacables:

John Dewitte – Examiner.com – Review Festival de Chicago:
“Germania otorga un sentido amplio a un sueño que muere sin nunca haberse materializado realmente. Es aquí donde la cámara de Schonfeld encuentra su belleza.
Existen profundas y resonantes ideas sobre la vida en comunidad, el aislamiento y la partida. Germania es una de las películas mas fascinantes del Festival”.

Laura Alejandra Bravo – Razones de cine:
“Fantásticas las actuaciones, magnífica la construcción de los hiatos de los que está habitada la película. Los actores no son tales y, sin embargo, logran extraer de ellos una riqueza descomunal y primitiva.”

Y para finalizar, unas palabras del director sobre su película:

“Los Alemanes del Volga han mantenido por años una estrecha vida familiar y religiosa en Argentina, resignando muchas veces la interacción con otros pueblos de la zona. Los Alemanes del Volga han sabido conservar intactas las tradiciones y el dialecto Wolgadeutsche, donde cada palabra ha quedado anclada en el tiempo y tiene el peso de la historia de este sufrido pueblo.
Por eso, las historias que se relatan en las familias alemanas, siempre mantienen el sabor a mito lejano, historia susurrada, prohibida. Y así fue como encontré a Germania: en la granja donde se filmó la película, una tarde de frío, cuando los niños se fueron a dormir y los grandes comenzaron a contar aquellos fantásticos relatos, que despertaron rápidamente en mí la necesidad de plasmar aquella tradición oral en imagen cinematográfica. ¿Pero de qué hablaba aquel relato lejano? De la familia. De cuando esa estrecha línea que nos ata a ella se rompe y comienza una ruptura que siempre tiene un sabor a desprotección primitiva y uno se pregunta si podremos separarnos de ella definitivamente”. Maximiliano Schonfeld.

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